domingo, 3 de agosto de 2008

Habitación 18



Amanece. En esta época del año siempre amanece más temprano. Una suave brisa hace ondular las viejas y casi transparentes cortinas. Ya el ruido de los autos y la gente comienza a arrastrarse hasta la habitación. En el techo el ventilador gira aletargadamente, en la única velocidad disponible. Las sombras y las penumbras van escabulléndose por las hendijas de la puerta, escondiéndose debajo de la cama, cegadas por los primeros rayos de luz. El polvo eterno despierta sobre la mesita de noche, el sillón, la lámpara, las molduras de las paredes. Sobre la cama king size yace el cuerpo desnudo de Alejandro. Esta cubierto de sudor. Sus ojos verdes están abiertos, perdidos en las grietas del techo. El corazón le late muy lentamente y cada vez la acción de respirar se hace más difícil. Sobre el piso están los frascos vacíos de las pastillas para la depresión y las de la gripe, la cual nunca lo abandono desde que Mauricio lo había abandonado a él. Una mezcla de fluoxetina, clorhidrato, acetaminofén, algunos excipientes y alcohol fluían por sus venas. “¿Dónde estoy?”, se preguntó. Un sabor amargo, algo metálico, se escurría desde su boca hasta su garganta. Quiere beber algo, tiene sed. Intenta moverse pero no puede, en cambio todo en la habitación se mueve. Hoy se cumplían cinco meses desde que Mauricio había terminado con él. Ya las razones no importan hoy. Nunca pudo recuperarse del dolor. Intento salir con otras personas, pero no funcionó. Se alejó de los amigos. Pidió vacaciones en su trabajo y no volvió más. Empezó a beber. Todas las noches se iba de ronda por los bares y bebía hasta que despertaba en su cama algunas veces o en la cama de otro otras. Había adelgazado diez kilos, pero aun quedaban rastros de su hermoso cuerpo. Ya la vieja habitación estaba completamente iluminada. Las flores gastadas del papel tapiz lloraban silenciosamente en las paredes. Pero para Alejandro el día se hacia mas oscuro. Sentía que todo se iba apagando, que iba sumergiéndose en una oscuridad pesada como plomo. A lo lejos quedaban los ruidos de la calle, a lo lejos escuchaba un golpe en la puerta, una y otra vez. A lo lejos escuchaba su nombre, “Alejandro, Alejandro”. Era una voz conocida, era la voz de Mauricio. A lo lejos veía su rostro difuso, le extendía una mano. Trató de agarrarla, pero no pudo, seguía cayendo. Entonces recordó, “Estoy en la habitación 18, en un hotel de mala muerte de la avenida Baralt”.

Fotografia y texo: Haldar F. Savery

13 comentarios:

Nacho Hevia dijo...

Lo mejor que he leido tuyo... ufff... (bueno, lo mejor para mi gusto)
Me has dejado colgado en el aire, ausente de todo.

me ha encantado (mientras, estaba escuchando The Album Leaf, que me recomendó Os-K-R)

besos...

Magia de mujer dijo...

El asunto es que cuando se está cayendo el abismo no tiene fin y habría que ver hacia adentro de si mismo para comprobar si hay algo de que asirse. La Av Baralt fue la guinda en la torta (como diríamos) hizo que lo imaginara todo tal cual hubiese estado ahí presenciando una obra.
Me gustó, un abrazo para ti!

Gus dijo...

Muy bueno! cambian los protagonistas, pero la historia de la humanidad se repite en forma circular ...

;)

Germanico dijo...

Uff, que sufriente! Que desplome de la vida. Muy bien contado, muy bien descripto. Triste y solitario final.

Saludos

Edurne dijo...

Pues menos mal que recordó dónde demonios estaba!
Perderse en el propio dolor, en la proia desolación... es algo muy típico del ser humano, Somos unos masocas, está visto!
Tendrás que hacer algo, Haldar, para sacar a Alejandro de semejante estado... Escríbele otro espacio, otra situación, otro despertar...
Besotes!

Diego Flannery dijo...

Suerte que encontró "el hilo de oro" , para poder volver de algún estado alterado de conciencia. Algunas experimentaciones te llevan a lo más profundo de los sueños, que parecen realidades.

Ayshane dijo...

madre mía... me ha encantado....

besitos guapo!!!

Dámaso Bahamondes dijo...

Me encantó, me dejaste helado en momentos, como en otros me devolví un poco en el tiempo.

Ah gracias por lo de mis piernas, jejeje

addio.-

Tristancio dijo...

A veces, amanecemos a horas inciertas, después de habernos acostado esperando no amanecer. Sin embargo, amanece, y no es poco...

Saludos ciertos.-

Luna dijo...

Clima angustiante.Me ha encantado.
Saludos!

Haldar dijo...

Gracias a todos por sus comentarios. En estos dian ando, como decirlo, "underground", subterraneo, perdido en mi mismo, asi que por eso las gracias a todos en conjunto. Ah! y no creo que el pobre Alejandro haya podido salir de ese hoyo donde cayo. Alejandro se volvio historia pasada...

Besos a todos...

Gus dijo...

Hey Haldar! sigues ahi abajo?

Trata de comunicarte con lo esencial que hay en vos, con tus rincones más guardados. Todos tenemos una luz donde brillar, es solo cuestión de ver las dos caras de la moneda.

Y la misma energia que ocupas para estar ahi abajo ( y si eso no te resulta placentero) la puedes utilizar para estar del 'otro lado', pero no del 'lado' que dicte el rebaño.

De tu propio lado, que estoy seguro será más original y precioso ;)

(perdón por el atrevimiento!)

Mi vida en 20 kg. dijo...

Amigo mio, me encanta tu forma de escribir, puedo sentir con tus palabras la soledad...

Un beso