domingo, 29 de junio de 2008

EL ENMASCARADO ANÓNIMO (IX)

Corrimos entre las hierbas mojadas y los charcos en los que se reflejaban nuestras caras tristes. Las grandes gotas de aguan que aun se escurrían de los árboles caían por todas partes como proyectiles los cuales tratábamos de esquivar. Era extraño, pero nunca antes había escuchado el sonido de las gotas de agua cuando van cayendo, es como un zumbido sordo, como un buuuu…buuuu…buuuu. Nos refugiamos debajo de unos hongos de oreja de palo que crecían al pie de un pino. Nos sentamos y esperamos que amaneciera. Ernesto e Isabel montaron guardia. Yo me dormí.

¡Eeeeh, despierte!, ¡Despierte!-, decía Javier mientras me movía fuertemente por un brazo. –Apúrese que nos van a dejar-.

Me desperté sobresaltado. Ya el sol brillaba en el cielo azul, ya no había gotas de agua. Ernesto e Isabel no estaban. Javier me aventó el morral y me tomó del brazo y corrió, halándome detrás de él. Como pude me colgué el morral en la espalda. Corrimos como locos entre los arbustos y los helechos que dejaban caer sus esporas marrones por todas partes, era como una lluvia de vida. No sabía a donde íbamos. Repentinamente Javier me empujó a un costado, entre un unas hojas secas y me cubrió la boca.

-Shhhhh, no haga ruido, hay humanos mas adelante y de seguro hay perros cerca. Es un sembradío de papas y debemos cruzarlo. Isabel y Ernesto nos están esperando al otro lado. Los perros son más peligrosos que el Orejiblanca-, susurraba.
-¿Pero como vamos a cruzar? ¿No es peligroso? ¿Cómo que humanos? ¿No los habíamos dejado lejos? ¿Por qué no esperamos que anochezca y que los hombres se vayan?-, susurré. Creo que fueron muchas preguntas para el momento.
-No, no, no, nos están esperando del otro lado. Además no tenemos tiempo. Debemos hacerlo ahora. Solo sígame y haga lo que yo hago. Creo que debemos ir por allí-, y señaló hacia un punto en el sembradío.

No estaba seguro que Javier supiera que hacer. Era el mas joven del grupo y tal vez esta era su primera salida lejos del roble. Pero no tenia alternativa, solo me quedaba seguir adelante. De nuevo se ponía a prueba mi confianza, pero esta vez no tenia tiempo para decidirme, pues ya Javier estaba en marcha, caminando sigilosamente entre la hierba en dirección de la cerca de alambres de púa, así que tuve que apresurar el paso para alcanzarlo. Nos detuvimos detrás de un poste de madera que servia de soporte al alambrado. Desde allí podía verse el campo: dos hombres trabajaban la tierra con dos bueyes enormes, que halaban el arado, a lo lejos una pequeña casa que humeaba por su chimenea de piedra y ningún perro a la vista. Comenzamos a correr entre los canales del arado en dirección al otro lado del campo. La distancia era enorme, jamás llegaríamos al otro lado antes del anochecer, aunque corriésemos sin parar. Nos deteníamos de cuando en cuando para asomarnos entre los montículos de tierra y espiar al enemigo. Estábamos mas cerca de los bueyes, pero ningún perro se veía en los alrededores.

Estábamos en la mitad del campo cuando escuchamos un ladrido a lo lejos. Nos asomamos y vimos a un hombre joven llegando a la casa con dos perros. Apresuramos el paso, esperando tener la suerte de que los perros no notaran nuestra presencia. Pero fue poca nuestra suerte: los ladridos ahora se hacían más fuertes. Volvimos a asomarnos y vimos con terror a los dos perros mucuchíes corriendo velozmente hacia nosotros.

-Tenemos que separarnos, tú ve hacia los bueyes y trata de llegar al otro lado, yo los distraeré mientras tanto-, y corrió en dirección opuesta a mí, saltando entre los canales para atraer la atención de los perros. Me dirigí a uno de los bueyes, pero los perros parecía que entendían nuestros planes, pues uno de ellos fue por Javier y el otro vino por mí. Llegue hasta el buey y me coloqué debajo de él. El perro ladraba dando vueltas alrededor pero se mantenía alejado del animal, pero poco a poco iba perdiendo el miedo e introducía su cabeza por debajo de este tratando de alcanzarme. Vi una cuerda que colgaba del yugo, la agarré y me trepé por ella hasta llegar a su cabeza. Desde allí pude ver a Javier. El perro trataba de agarrarlo pero cada vez que se acercaba, el duende le echaba tierra en la boca lo que hacia que retrocediera un poco y en ese momento corría para alejarse. La situación no podía durar mucho, estaba muy lejos de la cerca de púas como para poder escapar. En cualquier momento el perro lo atraparía. Repentinamente mi buey empezó a correr para librarse del molesto perro que ladraba a su lado y casi me caigo, tuve que agarrarme fuertemente. Los hombres, que se encontraban bebiendo café cerca de la casa, se percataron de la carrera del buey y corrieron para detenerlo. A lo lejos pude ver como uno de los perros atrapaba a Javier por la mochila y lo movía furiosamente de un lado a otro. Mi gigante cabalgadura se detuvo justo cerca de la alambrada del otro lado del campo, allí donde debíamos llegar. Los hombres ya habían espantado al perro que nos perseguía y venían en búsqueda del buey. Así que rápidamente descendí por la cuerda y crucé al otro lado. No quería voltear y ver a Javier entre las fauces del mucuchíes. Pero un chillido agudo me hizo ver. Era Patiblanca, quien en una veloz caída clavaba sus garras en la cara del perro y rescataba a Javier. Voló hasta donde me encontraba y lo dejó caer suavemente a mi lado. Me miró fijamente a los ojos y luego se alejó. Javier estaba herido. Sangraba y no me respondía. Lo abracé fuertemente contra mí y no pude sentir su respiración. Tenía ganas de llorar. Me sentía muy solo.

7 comentarios:

Mario dijo...

Realmente emocionante esta 9ª parte del enmascarado anónimo. Se lee con el corazón en un puño.
Además, me gustó especialmente leer el sonido de las gotas de agua al caer.

Seguiré atento a la 10ª parte...

Besos, Háldar.

Edurne dijo...

Dios mío, si casi andaba yo trotando encima del buey y con el alma en vilo por el pobre Javier...!
Qué pasará?
Muy entretenido y además con ritmo.
Besotes, amigo!
Yo quiero más del Enmascarado!!!

LUCIA-M dijo...

Vaya, qué !!Emocionante ¡esta no me perderé él próximo
Gracias por tú comentario en mi blog,
Un beso.
¡Ah muy buena música.

Hermano Ele. dijo...

Un zulo para librarse de la vanidad del mundo.
Un sitio tan íntimo, especial y profiláctico que no necesitaríamos nada más.

Gracias por pasarte.
Interesante texto pero me coge un poco aturdido.

Saludos.

JENNY dijo...

Hola, muy interesante encontré el escrito que publicaste, lo leeré mas despacio; solo pase rapidito a dejarte un cordial saludo.


Un saludo y un beso!

Diego Flannery dijo...

El viaje del héroe tiene miles de accidentes, lo importante es el recorrido total: volverá fortificado, más autónomo y con más-confianza-en-si-mismo.

Haldar dijo...

A todos: gracias por seguir al Enmascarado, pronto vendra la continuacion. Besos y abrazos.