domingo, 8 de junio de 2008

EL ENMASCARADO ANÓNIMO (VII)

Después de la fiesta me llevaron a mi habitación. Estaba en una rama muy alta del árbol. Era pequeña, toda de madera, el piso cubierto de paja seca, una cama en un rincón, una mesa con una silla y una vela en el otro. Poco a poco el silencio fue cubriéndolo todo y podían escucharse todos los sonidos del bosque. Me asomé por la ventanita y pude ver todo el bosque que se perdía en el infinito iluminado por la luz de la luna. Era como un océano plateado que se movía suavemente al ritmo del viento. Pude ver un par de lechuzas cruzar ese océano en la distancia. Y con los susurros de la noche y el vaivén de las olas de los árboles me fui quedando dormido hasta que no pude mantenerme en pie por más tiempo y me fui a la cama.

Aun no había amanecido cuando un golpe en la puerta me despertó. La puerta se abrió lentamente y alguien con un pequeño farol entró. Una ruana cubría su cuerpo y un gran sobrero en su cabeza apenas dejaba ver su cara. Dejo sobre la cama algo y me indico que me lo pusiera. Eran un sombrero, una mochila y una ruana. Me los puse y salimos sigilosamente del cuarto, y comenzamos rápidamente el descenso del árbol. Nos seguían dos duendes más, cada uno con ruana, sombreo, mochila y farol. Llegamos a la puerta principal del roble y nuestro guía se acercó a los guardias y les susurró algo. Estos abrieron la gran puerta y salimos. No sabia que ocurría, tenía miedo, quería hacer mil preguntas, pero también sabia no debía hablar, no en ese momento. Y así en silencio empezamos la marcha rápida alejándonos del gran roble, cruzando el bosque. Empezaba a amanecer y las últimas estrellas del cielo se iban despidiendo con un guiño de buenos días para irse a dormir; hacia frío y los ruidos de la noche iban dando paso al canto de los pájaros. Hacia rato habíamos dejado el bosque y caminábamos por un sendero entre la hierba que nos llegaba un poco más arriba de la cintura. Tal vez era por mi nueva estatura, pero ahora todos mis sentidos se habían agudizado. Podía escuchar el caminar de los insectos; sentir la mas minima brisa en mi cara, incluso aquella tan tenue que apenas movía una hierba, oler a mi compañero que me seguía a dos metros de distancia, aunque creo que serian cincuenta centímetros para nuestro tamaño. A medida que el día aclaraba más, apresurábamos el paso. En la distancia empecé a divisar un bosque. Amaneció completamente y un sol brillante lo ilumino todo, encegueciéndome por un instante y en ese momento nuestra marcha se convirtió en carrera. Entonces entendí que debíamos llegar al refugio del bosque lo más pronto posible, pues con nuestros tamaños éramos presa fácil de cualquier animal o ave. Y en la frenética carrera el recuerdo de mi abuela en su cocina llego a mi mente. Me sonreía y me ofrecía una taza de su rico chocolate. Me preguntaba si no estaría preocupada por mí después de dos días desaparecido. De seguro estaba angustiada, de seguro ya habría llamado a mis padres, de seguro ya habría gente buscándome. En eso andaba cuando un chillido ensordecedor me volvió a la realidad. Todos nos detuvimos de golpe y miramos al cielo. Y contra el cielo azul pálido brillante se recortaba la figura de una gran ave que volaba en nuestra dirección. “¡Corran!, ¡Es un Bebehumo!,”, gritó el guía. Faltaba poco para llegar al bosque. En la carrera el guía perdió su sombrero y dos trenzas rojas se descolgaron de su cabeza: era una chica. Justo antes de entrar al bosque, el Bebehumo, que es una especie de gavilán, atrapó al último de mis compañeros.

Este forcejeaba tratando de soltarse la mochila mientras el pájaro levantaba vuelo. Inmediatamente ella buscó algo en su mochila y salió corriendo fuera del bosque. Allí, a la vista de cualquier peligro, comenzó a sonar un flautín. Eran notas agudas, como chillidos cortos de un ave. Y repentinamente una Lechuza Patiblanca salió volando velozmente desde el bosque en dirección al Bebehumo y lo atacó. Patiblanca clavó sus garras en el Bebehumo y este dejo caer a nuestro compañero. Corrimos en la dirección donde había caído y lo encontramos tirado sobre unos hongos silvestres, los cuales habían amortiguado su caída. Velozmente volvimos al bosque y nos internamos en el. Después de un rato de caminata nos sentamos junto a unas rocas.

-Creo que ya podemos descansar y comer algo-, dijo nuestra guía.
-Si, me parece fantástico, me muero de hambre y estoy cansado y me duelen los pies y además…-, dije mientras me sacaba las botas.
-Bueno, bueno, basta de quejas-, interrumpió ella. –Déjeme presentarme, soy Alberaina. Conocida anteriormente como Isabel. Ese era mi nombre humano. Ellos son Gorglain o Ernesto y Jalikloun o Javier-, hicieron una pequeña reverencia mientras sacaban la comida de las mochilas.
-Mucho gusto. Yo soy…-, no lograba recordar mi nombre.
-Enmascarado Anónimo, y tu nuevo nombre es Wastinfig-, dijo ella.
-¡No!, yo tengo otro nombre, mi verdadero nombre. No logro recordarlo.
-¿Otro nombre? Pero si ya tiene dos. ¿Para que quiere otro?. Vamos cómase algo-, y Javier me paso algo de comida.

Mientras comíamos, ellos hablaban, reían, contaban pequeñas historia; Javier hablaba sobre su experiencia en las garras del Bebehumo y no parecía tener miedo. Ninguno parecía tenerlo, solo yo. Observaba a mis compañeros de aventura y veía cuan diferentes eran a mi. Isabel tenía unos grandes ojos esmeralda y un cabello rojo como manzana, nariz y boca pequeñas, manos delicadas, orejas en forma de hoja lanceolada y su piel blanca se iluminaba con los rayos de sol que se colaban entre los árboles. Era delgada y quizás un poco más alta que yo. Javier era regordete, con la cara redonda y cachetes rojizos. Cabello enrulado azul pálido como el cielo del amanecer, ojos cafés, orejas color remolacha y manos grandes. Siempre estaba sonriente y de buen animo. Ernesto era delgado, fuerte y alto. Cabello azul verdoso, liso, ojos azul oscuro, de mirada profunda. Era de pocas palabras y pocas carcajadas. Era algo misterioso. Y finalmente estaba yo, que aun seguía siendo humano.

Terminamos de comer nuestros frutos secos, galletas y leche endulzada con miel. Acomodamos nuestras mochilas y emprendimos el viaje de nuevo. Esta vez nuestro guía era Ernesto e Isabel iba en la retaguardia. Nos adentramos sigilosamente más en el bosque. Me preguntaba si algún otro animal o pajarraco nos iría a atacar de nuevo y si eso pasaba ¿estaría Patiblanca allí para ayunarnos? ¿Qué pasaría si no lograba recordar mi verdadero nombre? ¿Me quedaría allí por siempre? ¿Me convertiría en un vayudin? Y así, sumergido en mis pensamientos, como era de costumbre, me fui olvidando del miedo, e incluso de las mil preguntas que me atormentaban. Empecé a disfrutar de todo lo que nos rodeaba y a sentirme parte de mi nuevo grupo de amigos y hasta a soltar carcajadas con cada historia de Javier.

6 comentarios:

Mario M. Relaño dijo...

"Con los susurros de la noche y el vaivén de las olas de los árboles me fui quedando dormido", soñando con el duende, mi duende, perdido en la espesura del negro bosque, tratando de encontrarme y rescatarme de ese malvado Bebehumos que me tenía atrapado.

Fue un placer despertar y encontrarme absorto en tus letras, esas que escribes y dejas que me pierda en ellas...

Besos, varios.

Fabio dijo...

Tío, esto supera la saga de Harry Potter... buenísimo... aunque confies la figura del bebehumo no me gusta nada.
No te conviertas en un vayudin... sigue siendo un escritor que disfruta, irradia buenas vibras y al que apetece leer.
Un bezote guapetón ;)
estás enlazado a mis favoritos!

Ayshane dijo...

Mi primera visita y me llevo un buen relato que me hará volver...

Besos

Diego Flannery dijo...

"Y así, sumergido en mis pensamientos, como era de costumbre, me fui olvidando del miedo, e incluso de las mil preguntas que me atormentaban". Buén camino para dominar el miedo...nuestro propio discurso interior. Cuando logramos pasar esas frases a nuestra exterioridad,cuando la percepción es exterior, las podemos confrontar y ,como a los fantásmas, decirles "...no les tengo miedo". ¿Será por esto que estabas tan enganchado por el tema de los sueños y la conveniencia de despertar o no?

Arturo dijo...

Lo que dar�a yo por dormir en una hab�taci�n como esa, subido a un �rbol y con semejantes vistas. Abrazos.

Haldar dijo...

MARIO: me alegra que te pierdas en mis letras, que las disfrutes...

FABIO: jajaja, que no te escuche la Rowling, no creo que se sienta algada en que la comparen conmigo, jajajaja. te confieso que no me gusta Harry Potter. gracias por permitirme estar en tus favoritos. No te preocupes, no me convertire en Vayudin.

AYSHANE: puedes volver cuantas veces quieras, esta es tu casa.

DIEGO: a ver, me salio psicoanalisis, jajajaja, pero esta bien. Siempre me ha llamado mucho la atencion el hecho de soñar, del porque soñamos, mas cuando se tienen los tipos de sueños como los mios... Cual es finalmente la realidad?

ARTURO: Cuando pases por el bosque plateado y veas un gran roble, uno mas diferente que los demas, hacercate, tal vez te permitan pasar una noche alli...